Aquellos países en los que la alimentación, la
sanidad y la educación son prioritarios para la población y los gobernantes, el
medio ambiente pasa a un plano casi invisible. Lo que conlleva a que sus tasas de contaminación sean demasiado elevadas en relación a sus actividades, debido a que no se tienen en cuenta
en ningún momento las consecuencias ambientales de las acciones, ni a corto ni
a largo plazo.
En los países en vías de desarrollo, la
actividad industrial y los hábitos de consumo de su población ha cambiado
drásticamente en los últimos años. Ejemplo de ello son los países
centroamericanos. Personalmente conozco de primera mano la situación relativa a
la gestión de residuos de la República de Guatemala.
En los últimos años, los hábitos de
consumo han cambiado mucho, lo que ha hecho variar la composición de sus flujos de residuos. Aunque el porcentaje de materia orgánica sigue siendo alto, han
empezado a aparecer diferentes materiales como son plásticos, vidrio, aluminio,
hierro, etc.
El problema derivado de estos cambios, es
que la legislación ambiental y el sistema de gestión de residuos del país no han sido
adaptados a este cambio. Todos los residuos son llevados directamente a los
vertederos, sin ninguna clasificación, a excepción de los segregadores,
personas que separan los materiales que posteriormente pueden vender
(principalmente hierro, aluminio y plásticos de alta densidad).
No todos los vertederos, o botaderos como
son denominados en latinoamércia, tienen sistema de aislamiento del suelo, de tratamiento
de lixiviados o de extracción de metano, lo que supone no sólo un elevado
riesgo ambiental sino también sanitario. La falta de aislamiento provoca que
los lixividados generados por la degradación de los residuos, se filtren a
acuíferos cercanos, con su consiguiente contaminación.
No es habitual encontrar sistemas de
compostaje o biometanización en los vertederos guatemaltecos. En un país en el
que la agricultura y la ganadería conforma un cuarto del PIB, debería tenerse
en cuenta el mercado del compost generado a partir de la materia orgánica
proveniente de los residuos urbanos, que generaría un beneficio no sólo ambiental sino económico.
Desde ONGs y asociaciones se plantean
numerosos planes de mejora ambiental, pero se encuentran con multitud de
limitaciones tanto institucionales como legislativas. El desarrollo de una
legislación ambiental adecuada es imprescindible para poder conseguir un
desarrollo medioambientalmente sostenibles en los países.
Ojalá se consiga que todos los países
centroamericanos implanten políticas económicas sostenibles con el medio
ambiente. Ya que disponen de un medio natural muy valioso que no debería ser
contaminado ni destruido por acciones erróneas de los seres humanos.
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